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LA MANIFESTACIÓN (publicado en el núm 5 de CLAC - Cuaderno Literario del Ateneo de Cádiz)

Estaba golpeando mi cabeza contra el teclado del ordenador en un intento desesperado de que las palabras fluyeran, cuando sentí a lo lejos unas consignas subversivas, revolucionarias. Allí estaban todos mis personajes, que habían cobrado vida, que salían de las páginas de los relatos y que habían convocado una manifestación. En la pancarta, que encabezaba el encuentro, se podía leer, sin miedo al error: ¡Exigimos nuestra libertad literaria! Detrás de la cabecera estaban tanto los protagonistas como los secundarios. El portavoz sindical, megáfono en mano, vociferaba que todos querían ser libres para revivir historias, pero más profundas, con menos guasa y mejor contadas. Ahora no puedo atenderos. Que no, que no puedo atenderos. ¿Qué queréis otro tipo de relato?, pues os esperáis porque yo ando buscando un seudónimo que me represente, que sea mi imagen y con el que pueda firmar los múltiples ejemplares que venderé. U n seudónimo sonoro y sorprendente para cuando me llegue el golpe de...

Y EL SÉPTIMO DÍA DESCANSÓ (Texto publicado en el núm 56 de la revista SPECULUM (Club de Letras de la UCA)

 Él es el más alto. Él es el más tranquilo. Él es el más confuso. Él es el más sibarita. Él es el más amortiguado. Ella, ella es la más espiritual. Estos son mis seis novios, con arroba incluida. Cada día de la semana le toca a uno. En una hoja Access voy anotando: nombre, aficiones, conversaciones frecuentes y apetencias sexuales. Que no quiero herir sensibilidades.             El más alto se llama Jesús, es de Sevilla, como el Jesús del Gran Poder y para más INRI, nunca mejor dicho, siempre tiene cara de pena, pero besa bien, por eso le he asignado el lunes, para ir entrando poco a poco.             El martes tengo a Lorenzo, el más tranquilo. Siempre llega tarde. Le tengo que recordar que no tenemos todo el día; que contra pereza, diligencia. Le tengo que recordar que empiece por arriba pero que se pare, sin prisas y con esmero, donde él sabe. El más confuso, si...

DE CANCIONES, LUCES Y APAGONES

—Buenos días, soy Serafín. —¡Hola, Serafín! Qué inconfundible es ese nombre tuyo, aunque ya casi me resulta familiar. Nunca imaginé que una cita a ciegas pudiera ser tan placentera, y además, ¡me llamas por la mañana! ¡Qué ilusión! ¿También te gustó? Aunque aún no te conozco muy bien, ayer, por lo menos, estuviste muy muy gracioso, generoso, fogoso, lujurioso, ardoroso. La verdad es que tuvimos momentos muy… luminosos. Vamos, que “Me quedo contigo”, como bien cantaban los Chichos y Rosalía en su magnífica versión. Eres sensual como una bachata. Si esto sigue adelante, me encantaría que escogiéramos una canción para que fuera nuestro estandarte, nuestro nexo de unión, nuestro punto de encuentro. Y, por supuesto, para bailarla, entrelazando nuestros cuerpos, en cada aniversario. ¿Qué te parece la idea? ¿Prefieres algo ochentero, tipo cantautor reivindicativo, como “Te recuerdo Amanda”, o más romántico, como “Lucía”, o incluso roquero como “Angie”? Por cierto, yo me llamo Lola, no sé si...

VIVIR PARA CONTARLO

  Me morí a las nueve cuarenta y cinco del 16 de octubre del año 2021 y, la verdad, es que me sentía fatal, entre la resaca y el golpetazo que me habían atizado en la cabeza. Estaba en un lugar oscuro, muy oscuro, un lugar de una negrura más negra que el negro y, de repente, empecé a pensar: No puedo estar muerta porque tengo sed, ardores y un reflujo con cierto tufo a aguardiente, pero seguí muriéndome y, cuando me disponía a atravesar el túnel negro y divisé a lo lejos al difunto de mi tío Agustín, el del pueblo, que me llamaba con un “vente, vente”, me di cuenta de que aún tenía un halo de vida y empecé a despertarme. Fue entonces cuando mis compañeros abrieron el maletero del coche en el que me habían metido y, al verme salir, se vanagloriaron del feliz hallazgo; pero yo, con una mezcla de confusión y alivio, tenía el cuerpo entumecido, la cabeza me estallaba y estaba deshidratada como una momia egipcia.             Llega...

UNA EPOPEYA PARALELA

  Desocupado lector de biblioteca, déjame contarte una historia que podría estar ocurriendo justo a tus pies.   Es la historia de Guille y Lulú, dos seres fantásticos, que todos los días se encontraban en el pasillo del fondo, a la derecha, donde están la novela épica y los clásicos literarios. Allí se conocieron y allí alimentaron su amor. Allí hablaban, reían, se mordisqueaban y daban rienda suelta a la imaginación. Tenían un desarrollado gusto por los relatos legendarios, se los devoraban en un santiamén y seguían buscando el siguiente. Todo era perfecto hasta que fueron descubiertos por humanos y ordenaron una desratización. Tuvieron que desaparecer por un tiempo, pero hoy se han vuelto a encontrar y, tras un beso apasionado, lo han celebrado, zampándose   “Guerra y Paz”.  

LO QUE ME FALTABA (versión)

  Me preguntaba en qué momento se había complicado tanto ser poeta, siempre lo he dejado claro: soy poeta, pero de prosa coloquial. Y ahora vienen mis personajes y se sublevan. Los muy díscolos pretenden que cambie de estilo y que me pase a la prosa poética. El representante sindical, megáfono en mano, me transmite que todos ansían revivir historias, pero más profundas, con más metáforas, menos guasa y mejor contadas. Y ahí tengo a todo el elenco, frente a mi ventana, enarbolando una pancarta reivindicativa. Hasta Guille y Lulú, los ratones de “Una epopeya paralela” se han unido a la rebelión, mordisqueando los zapatos de protagonistas y secundarios. Si esto sigue así, voy a tener que cambiar de oficio.       27/04/2024

¿VEINTE? (2º premio VIII Edición del Certamen Literario “La Arboleda Perdida” Puerto de Santa María)

  ¿VEINTE?   Una, dos, tres. De pequeña me apodaron “la Santita” porque era tierna, noble y obediente. Cuando a mediodía llegaba del colegio, tanto los vecinos como mi madre me tenían preparada una lista de recados varios: “Niña, baja a por una hogaza de pan para doña Manuela, la del cuarto y, de paso, vas a la frutería, compras un kilo de naranjas de las tontas y le pides a Ramón un poquito de perejil”. Y allá que iba yo, sin rechistar y con agrado, a hacer felices a todos. Las monjitas, y en especial sor Carmen, me trataban de una manera especial, porque especial era yo. Todos cuchicheaban que mi bondad y mi inocencia eran contagiosas y que mi manera peculiar de mirar y de hacer las cosas, me hacía encantadora. Un primor de niña. Una santita, como mi apodo. Cuatro, cinco, seis. Terminado el bachillerato y la universidad, llegó el momento de oficializar mi bondad y tomé una decisión que marcaría mi vida.   Me metí a monja. Me metí a monja seglar, porque yo quería ...

¡CUIDADO CON LOS INGLESES! (Texto publicado en el número 55 de la revista SPECULUM. Club de Letras de la UCA)

 Pudiera tratarse de una simple y atrevida historia de amor, pero no es el caso. Este romance culminó de una forma   indescifrable y eterna. Todo surgió en un mercado de Menfis, entre cebollas, judías y jarras de barro. Dos mujeres egipcias cruzaron sus vidas al compartir un ruborizado pestañeo. Era la primera vez que sentían ese cosquilleo tan especial en el estómago o, quizás, más abajo. Ni ellas lo sabían. Una era ama de casa; la otra, una atrevida artesana que tallaba piedras, pero que un buen día, como sello de este platónico idilio, quiso hacer a su amada un colosal regalo. Convirtió un gran bloque de granito en un improvisado   pergamino, esculpiendo una declaración de amor en tres idiomas diferentes para que nadie pudiera descifrar tamaña osadía entre las dos mujeres.   Años después, Menfis fue abandonada y esta piedra quedó sepultada entre los restos de la ciudad. Pasaron veinte siglos cuando los franceses la encontraron, considerándola como un resto ...

OLOR A DAMA DE NOCHE

  Yo antes era una asesina psicópata sexual. Mi vida se columpiaba en un tiovivo de sensaciones extremas. Después de cargarme a la monitora de yoga, al vecino ruidoso del segundo B y al repartidor de Amazon, y con la policía pisándome los talones, decidí cambiar mi destino. Se acabaron las obsesiones, los crímenes fortuitos y los polvos desenfrenados. Decidí pasar desapercibida y mezclarme con gente normal, gente de bien.  Me integré en la tertulia literaria del Ateneo de Cádiz. Quería alejarme de mi pasado, así que no tuve más remedio que aprender sobre el narrador omnisciente, el monólogo interior y hasta el realismo sucio.  Me integré en el grupo perfectamente; era una más, pero creo que, poco a poco se me iba viendo el plumero,   porque si el tema era hacer un texto sobre un lago, los sueños de volar y el sosiego, yo, sin darme ni cuenta, en el picnic me cargaba a mi marido, envenenándolo con lo primero que pillara en el botiquín de casa. Si tocaba el tema amor r...

258. LA CULPA LA TUVO EINSTEIN

  Yo no buscaba a nadie y te vi pasar desde mi ventana. Fue instantáneo: me enamoré. Me enamoré de tu incipiente calva, de tu prominente barriga, de esos andares que denotaban un hombre de mediana edad, de clase media, de altura media, de peso medio y de todo medio… Justo lo que podría encajar con mis pretensiones. Mi mundo se tambaleaba y la única salvación parecía ser refugiarme en el amor. Estaba dispuesta a abandonar mi independencia, mi laicismo, mis exigencias, mis principios y ese halo de persona respondona y reivindicativa. Buscaría consuelo en el romanticismo, desarrollaría la empatía y disfrutaría de una vida compartida contigo. Estaba decidida: eras mi hombre. Para lograr mi propósito era consciente de que debía transformarme en una mujer manejable, tierna, lánguida y dulce. Así es que me hice un enjuague existencial y, por escrito, lo dejé todo aclarado: “Prometo vivir una historia de amor convencional, con final feliz, como algunos masajes. Prometo una boda por la ig...

257. UNA HISTORIA DESASTROSA

  Pensaba jubilarme de narrador equisciente, siempre objetivo y equidistante a la trama, pero por culpa de este personajillo, se me han subido los nervios a la cabeza y he tenido que acudir al psicólogo. Tras analizar mi caso, me ha aconsejado cogerme una baja literaria de un mes o solicitar una comisión de servicios para realizar las mismas funciones, pero eligiendo entre narrador omnisciente o deficiente y, con tanto lío de palabras, al final he optado por contar la historia según vaya brotando y dejarme de encasillamientos. Desde el éxito conseguido por Pierce Brosnan en la Caleta, la productora tenía pendiente filmar su trigésima película de aventuras y supervivencia, pero esta vez con un elenco de actores autóctonos. Realizado el casting correspondiente, se seleccionó al más atractivo de la comarca. La grabación era fácil, ya que solo debía memorizar una frase de tanto en tanto, todo lo demás era tiroteos, peligros y lucha contra los embates de la vida. En la primera escen...

259. DALÍ ME CONVENCIÓ

En un día soleado y absurdo, Margarita se encontraba desparramada en el sofá de su sala de estar, contemplando su barriga con la seriedad de un crítico de arte examinando una obra surrealista. Estaba convencida de que su abdomen irradiaba un cierto parecido al reloj derretido de Dalí. No sabía cómo había llegado a ese desbordamiento en carnes, pero tenía una certera intuición y, envalentonada por su locura gastronómica, agarró una patata, le pintó ojos, nariz y boca, la llamó Enriqueta y empezó   a reprocharle todas sus inseguridades. —    Enriqueta, ¿has observado esta protuberancia que reina entre mi ombligo y mi pubis? —    Claro que sí, Margarita, ¿cómo no verla? Es como si el tiempo se derritiera en tu estómago, y es obvio que está inflado como un globo aerostático. Todo un portento del arte moderno. Si te exhibieran en la Tate Gallery de Londres, seguro que algún coleccionista se fijaría en ti. —    Mira qué graciosa ella, pues estoy con...