Querido exmarido: Me muero, o eso dice el gotero. Ya sabes que soy un poco melindrosa y paranoica. Esta madrugada, sin ir más lejos, me desperté con diarrea y el corazón desbocado. Mi cuerpo era un catálogo de síntomas que, si bien dispersos, apuntaban claramente a un desenlace trágico. Así que, envuelta en mi bufanda de lana gruesa y con sudor frío, me dirigí al hospital. Lo que ocurrió a continuación roza lo sobrenatural. Con esa rapidez con la que se actúa ante lo terminal, me cogieron una vía y, sin mediar palabra, me inyectaron un no sé qué intravenoso. Esto debe ser la muerte, pensé. Clínica. Higiénica. Silenciosa. Quizá hablaban de intubarme. Quizá el pronóstico era tan reservado que prefirieron no decírmelo para no provocarme ansiedad. Puede que incluso se les pasara lo de avisar a mis seres queridos. Por alguna razón, pensé en ti. De ahí esta carta. Te he amado siempre, en lo pequeño, en lo doméstico, en lo que casi no se nota. Te he amado incluso el día que me confesast...
Sigo siendo estupenda (Texto seleccionado para el número 64 de la revista SPECVLVM. Club de Letras de la UCA)
Soy una chica muy guapa de pelo. Mi melena, con vida propia, habla por mí: carácter, fatiga, urgencia. Y sí, también libertad. Me acompaña una inteligencia natural, bien condimentada con miedos, fobias y rarezas. Disfruto con el tonteo, con un roce irreverente… y con el gazpacho de mi madre, que nunca falla. Siempre digo que escuchar es un don, y yo lo tengo. Cuento con amigos, familia, pareja, y ¡ojo!... casa, que se dice pronto. Por no hablar de mis carnes duritas, cerebro avispado y presencia elegante. Flexible en empeine, hombros y caderas. Mirada profunda, conversación chispeante y carácter irresistible. Está feo que yo lo diga, pero me sobran cualidades: ingeniosa, atrevida, discreta, buena persona. Y un mogollón que se me olvidan. Soy afortunada. ¿Soy afortunada? Sí, coño, claro que lo soy. Quizá debería trabajar un poco la empatía, la generosidad, la constancia, la pereza, la puntualidad, la tolerancia, la paciencia, la modestia… y, de paso, no zamparme toda la ...