Mi madre era muy católica y, tras devorar el Antiguo Testamento, descubrió que Sara, la mujer de Abraham, tenía 90 años cuando concibió. Aquella revelación bíblica la obsesionó. Decidida a seguir las Escrituras al pie de la letra, se quedó embarazada rozando los 100 años. Para lograrlo, recurrió a donantes de útero, óvulos y esperma. Cuando me parió, ya era anciana. El parto natural fue inviable. Me tuvieron que sacar por cesárea porque, con mis achaques y artrosis, no podía empujar . Así que, entre unas cosas y otras, nací con 75 años. Venía equipada de serie con mala audición, presbicia, dientes postizos y memoria frágil. El pediatra —o, mejor dicho, el geriatra— me tranquilizó argumentando que una edad tan avanzada traía esos ...
Casi una carta de amor (Finalista en el VI Certamen Internacional de cartas de amor "de mar a mar" 2026)
Querido exmarido: Me muero, o eso dice el gotero. Ya sabes que soy un poco melindrosa y paranoica. Esta madrugada, sin ir más lejos, me desperté con diarrea y el corazón desbocado. Mi cuerpo era un catálogo de síntomas que, si bien dispersos, apuntaban claramente a un desenlace trágico. Así que, envuelta en mi bufanda de lana gruesa y con sudor frío, me dirigí al hospital. Lo que ocurrió a continuación roza lo sobrenatural. Con esa rapidez con la que se actúa ante lo terminal, me cogieron una vía y, sin mediar palabra, me inyectaron un no sé qué intravenoso. Esto debe ser la muerte, pensé. Clínica. Higiénica. Silenciosa. Quizá hablaban de intubarme. Quizá el pronóstico era tan reservado que prefirieron no decírmelo para no provocarme ansiedad. Puede que incluso se les pasara lo de avisar a mis seres queridos. Por alguna razón, pensé en ti. De ahí esta carta. Te he amado siempre, en lo pequeño, en lo doméstico, en lo que casi no se nota. Te he amado incluso el día que me confesast...