Ir al contenido principal

Entradas

¿VEINTE? (2º premio VIII Edición del Certamen Literario “La Arboleda Perdida” Puerto de Santa María)

  ¿VEINTE?   Una, dos, tres. De pequeña me apodaron “la Santita” porque era tierna, noble y obediente. Cuando a mediodía llegaba del colegio, tanto los vecinos como mi madre me tenían preparada una lista de recados varios: “Niña, baja a por una hogaza de pan para doña Manuela, la del cuarto y, de paso, vas a la frutería, compras un kilo de naranjas de las tontas y le pides a Ramón un poquito de perejil”. Y allá que iba yo, sin rechistar y con agrado, a hacer felices a todos. Las monjitas, y en especial sor Carmen, me trataban de una manera especial, porque especial era yo. Todos cuchicheaban que mi bondad y mi inocencia eran contagiosas y que mi manera peculiar de mirar y de hacer las cosas, me hacía encantadora. Un primor de niña. Una santita, como mi apodo. Cuatro, cinco, seis. Terminado el bachillerato y la universidad, llegó el momento de oficializar mi bondad y tomé una decisión que marcaría mi vida.   Me metí a monja. Me metí a monja seglar, porque yo quería ...

¡CUIDADO CON LOS INGLESES! (Texto publicado en el número 55 de la revista SPECULUM. Club de Letras de la UCA)

 Pudiera tratarse de una simple y atrevida historia de amor, pero no es el caso. Este romance culminó de una forma   indescifrable y eterna. Todo surgió en un mercado de Menfis, entre cebollas, judías y jarras de barro. Dos mujeres egipcias cruzaron sus vidas al compartir un ruborizado pestañeo. Era la primera vez que sentían ese cosquilleo tan especial en el estómago o, quizás, más abajo. Ni ellas lo sabían. Una era ama de casa; la otra, una atrevida artesana que tallaba piedras, pero que un buen día, como sello de este platónico idilio, quiso hacer a su amada un colosal regalo. Convirtió un gran bloque de granito en un improvisado   pergamino, esculpiendo una declaración de amor en tres idiomas diferentes para que nadie pudiera descifrar tamaña osadía entre las dos mujeres.   Años después, Menfis fue abandonada y esta piedra quedó sepultada entre los restos de la ciudad. Pasaron veinte siglos cuando los franceses la encontraron, considerándola como un resto ...

OLOR A DAMA DE NOCHE

  Yo antes era una asesina psicópata sexual. Mi vida se columpiaba en un tiovivo de sensaciones extremas. Después de cargarme a la monitora de yoga, al vecino ruidoso del segundo B y al repartidor de Amazon, y con la policía pisándome los talones, decidí cambiar mi destino. Se acabaron las obsesiones, los crímenes fortuitos y los polvos desenfrenados. Decidí pasar desapercibida y mezclarme con gente normal, gente de bien.  Me integré en la tertulia literaria del Ateneo de Cádiz. Quería alejarme de mi pasado, así que no tuve más remedio que aprender sobre el narrador omnisciente, el monólogo interior y hasta el realismo sucio.  Me integré en el grupo perfectamente; era una más, pero creo que, poco a poco se me iba viendo el plumero,   porque si el tema era hacer un texto sobre un lago, los sueños de volar y el sosiego, yo, sin darme ni cuenta, en el picnic me cargaba a mi marido, envenenándolo con lo primero que pillara en el botiquín de casa. Si tocaba el tema amor r...

258. LA CULPA LA TUVO EINSTEIN

  Yo no buscaba a nadie y te vi pasar desde mi ventana. Fue instantáneo: me enamoré. Me enamoré de tu incipiente calva, de tu prominente barriga, de esos andares que denotaban un hombre de mediana edad, de clase media, de altura media, de peso medio y de todo medio… Justo lo que podría encajar con mis pretensiones. Mi mundo se tambaleaba y la única salvación parecía ser refugiarme en el amor. Estaba dispuesta a abandonar mi independencia, mi laicismo, mis exigencias, mis principios y ese halo de persona respondona y reivindicativa. Buscaría consuelo en el romanticismo, desarrollaría la empatía y disfrutaría de una vida compartida contigo. Estaba decidida: eras mi hombre. Para lograr mi propósito era consciente de que debía transformarme en una mujer manejable, tierna, lánguida y dulce. Así es que me hice un enjuague existencial y, por escrito, lo dejé todo aclarado: “Prometo vivir una historia de amor convencional, con final feliz, como algunos masajes. Prometo una boda por la ig...

257. UNA HISTORIA DESASTROSA

  Pensaba jubilarme de narrador equisciente, siempre objetivo y equidistante a la trama, pero por culpa de este personajillo, se me han subido los nervios a la cabeza y he tenido que acudir al psicólogo. Tras analizar mi caso, me ha aconsejado cogerme una baja literaria de un mes o solicitar una comisión de servicios para realizar las mismas funciones, pero eligiendo entre narrador omnisciente o deficiente y, con tanto lío de palabras, al final he optado por contar la historia según vaya brotando y dejarme de encasillamientos. Desde el éxito conseguido por Pierce Brosnan en la Caleta, la productora tenía pendiente filmar su trigésima película de aventuras y supervivencia, pero esta vez con un elenco de actores autóctonos. Realizado el casting correspondiente, se seleccionó al más atractivo de la comarca. La grabación era fácil, ya que solo debía memorizar una frase de tanto en tanto, todo lo demás era tiroteos, peligros y lucha contra los embates de la vida. En la primera escen...

259. DALÍ ME CONVENCIÓ

En un día soleado y absurdo, Margarita se encontraba desparramada en el sofá de su sala de estar, contemplando su barriga con la seriedad de un crítico de arte examinando una obra surrealista. Estaba convencida de que su abdomen irradiaba un cierto parecido al reloj derretido de Dalí. No sabía cómo había llegado a ese desbordamiento en carnes, pero tenía una certera intuición y, envalentonada por su locura gastronómica, agarró una patata, le pintó ojos, nariz y boca, la llamó Enriqueta y empezó   a reprocharle todas sus inseguridades. —    Enriqueta, ¿has observado esta protuberancia que reina entre mi ombligo y mi pubis? —    Claro que sí, Margarita, ¿cómo no verla? Es como si el tiempo se derritiera en tu estómago, y es obvio que está inflado como un globo aerostático. Todo un portento del arte moderno. Si te exhibieran en la Tate Gallery de Londres, seguro que algún coleccionista se fijaría en ti. —    Mira qué graciosa ella, pues estoy con...

255. EL PRÍNCIPE VALIENTE

Había una vez en un reino fantástico, un príncipe encantador llamado Felipe, heredero al trono de España. La política matrimonial de los cortesanos que le rodeaban le tenían preparadas bellas damiselas de las más variadas alcurnias, pero ni Isabel Sartorius ni Eva Sannun ni siquiera Letizia Ortiz lograron conquistar el infranqueable corazón del joven, que guardaba celosamente un secreto. Un día, su alteza real, cansado de las expectativas y presiones que la sociedad le imponía,   decidió dar un giro inesperado a su vida. Convocó una rueda de prensa en la majestuosa sala del palacio, tomó el micrófono y, con voz firme, exclamó: “ Me planto. Me niego. Quiero ser feliz. Quiero que todos los españoles sepan que no me he casado con ninguna de las señoras que se esperaba, porque mi corazón pertenece a alguien. Se trata del capitán de navío Carlos Ruiz Delgado a quien conocí durante mis prácticas, como guardiamarina, en el Juan Sebastián Elcano. Y he decidido renunciar al trono para ...