Ir al contenido principal

Entradas

258. LA CULPA LA TUVO EINSTEIN

  Yo no buscaba a nadie y te vi pasar desde mi ventana. Fue instantáneo: me enamoré. Me enamoré de tu incipiente calva, de tu prominente barriga, de esos andares que denotaban un hombre de mediana edad, de clase media, de altura media, de peso medio y de todo medio… Justo lo que podría encajar con mis pretensiones. Mi mundo se tambaleaba y la única salvación parecía ser refugiarme en el amor. Estaba dispuesta a abandonar mi independencia, mi laicismo, mis exigencias, mis principios y ese halo de persona respondona y reivindicativa. Buscaría consuelo en el romanticismo, desarrollaría la empatía y disfrutaría de una vida compartida contigo. Estaba decidida: eras mi hombre. Para lograr mi propósito era consciente de que debía transformarme en una mujer manejable, tierna, lánguida y dulce. Así es que me hice un enjuague existencial y, por escrito, lo dejé todo aclarado: “Prometo vivir una historia de amor convencional, con final feliz, como algunos masajes. Prometo una boda por la ig...

257. UNA HISTORIA DESASTROSA

  Pensaba jubilarme de narrador equisciente, siempre objetivo y equidistante a la trama, pero por culpa de este personajillo, se me han subido los nervios a la cabeza y he tenido que acudir al psicólogo. Tras analizar mi caso, me ha aconsejado cogerme una baja literaria de un mes o solicitar una comisión de servicios para realizar las mismas funciones, pero eligiendo entre narrador omnisciente o deficiente y, con tanto lío de palabras, al final he optado por contar la historia según vaya brotando y dejarme de encasillamientos. Desde el éxito conseguido por Pierce Brosnan en la Caleta, la productora tenía pendiente filmar su trigésima película de aventuras y supervivencia, pero esta vez con un elenco de actores autóctonos. Realizado el casting correspondiente, se seleccionó al más atractivo de la comarca. La grabación era fácil, ya que solo debía memorizar una frase de tanto en tanto, todo lo demás era tiroteos, peligros y lucha contra los embates de la vida. En la primera escen...

259. DALÍ ME CONVENCIÓ

En un día soleado y absurdo, Margarita se encontraba desparramada en el sofá de su sala de estar, contemplando su barriga con la seriedad de un crítico de arte examinando una obra surrealista. Estaba convencida de que su abdomen irradiaba un cierto parecido al reloj derretido de Dalí. No sabía cómo había llegado a ese desbordamiento en carnes, pero tenía una certera intuición y, envalentonada por su locura gastronómica, agarró una patata, le pintó ojos, nariz y boca, la llamó Enriqueta y empezó   a reprocharle todas sus inseguridades. —    Enriqueta, ¿has observado esta protuberancia que reina entre mi ombligo y mi pubis? —    Claro que sí, Margarita, ¿cómo no verla? Es como si el tiempo se derritiera en tu estómago, y es obvio que está inflado como un globo aerostático. Todo un portento del arte moderno. Si te exhibieran en la Tate Gallery de Londres, seguro que algún coleccionista se fijaría en ti. —    Mira qué graciosa ella, pues estoy con...

255. EL PRÍNCIPE VALIENTE

Había una vez en un reino fantástico, un príncipe encantador llamado Felipe, heredero al trono de España. La política matrimonial de los cortesanos que le rodeaban le tenían preparadas bellas damiselas de las más variadas alcurnias, pero ni Isabel Sartorius ni Eva Sannun ni siquiera Letizia Ortiz lograron conquistar el infranqueable corazón del joven, que guardaba celosamente un secreto. Un día, su alteza real, cansado de las expectativas y presiones que la sociedad le imponía,   decidió dar un giro inesperado a su vida. Convocó una rueda de prensa en la majestuosa sala del palacio, tomó el micrófono y, con voz firme, exclamó: “ Me planto. Me niego. Quiero ser feliz. Quiero que todos los españoles sepan que no me he casado con ninguna de las señoras que se esperaba, porque mi corazón pertenece a alguien. Se trata del capitán de navío Carlos Ruiz Delgado a quien conocí durante mis prácticas, como guardiamarina, en el Juan Sebastián Elcano. Y he decidido renunciar al trono para ...

RESEÑA de RELATOS PARA LEER CUANDO TENGAS PRISA

 

253. PERMÍTETE SER FELIZ

  Hay miedos que dan mucho miedo: una casa tomada por espíritus malignos, una persecución entre las sombras de la madrugada o una noche ensordecedora de relámpagos y truenos. Son miedos contagiosos, miedos de primera. Hay otros miedos de segunda, por llamarlo de alguna manera. Son esos miedos interiores y personales, que te agitan el corazón, te empapas de sudor y te bloqueas mentalmente, pero que a los demás no les afecta. Son miedos que no se transmiten, aunque le encasquetes la música de violines de la famosa escena de "Psicosis". Hasta en el mundo de los miedos hay injusticias.              Sin más preámbulos, te contaré mi gran miedo. Es el miedo a mi otro yo. Así como suena. Miedo a algo que va conmigo y que para mí es lo más grande. Es mi Océano Pacífico. Es como el aire de un parque nacional. Es la pirámide de Keops. Pero también es un novio celoso. Me acosa, me acusa, me acecha… Me estoy liando.    ...

254. BASADO EN HECHOS REALES

  Era una niña muy delgadita, alta y pizpireta. Según su abuelo, el taxista, llegaría lejos, ese espabilo pro metía, por eso le pusieron su nombre con z, para hacerlo más internacional. Con sangre alicantina y ovetense. Ya apuntaba maneras en el bachillerato, enamorándose de su profesor de literatura, con el que se casó por lo civil. Al poco tiempo se divorció. Licenciada en Periodismo, terminó en la plantilla de Televisión Española, Tuvo suerte porque la pequeña pantalla en prime time es una ventana abierta al mundo y también, porque alguien que, por su belleza, le podría haber hecho la competencia: Pilar Rubio, se incorporó al espectro televiso unos años después.             En definitiva, que el principito se enamoró de esa republicana, intrépida y vivaracha periodista, que ya mostró su gran potencial cuando el día de la pedida, ataviada de Armani y con mechas recién puestas, se atrevió, entre sonrisas, a comentar a...