—Quizás pudiéramos esperar a mañana, Carmen. Estamos bien así. Ya sabes. Como cada noche, el aroma de la cena inunda la casa, la chimenea desparrama infinitas chispas incandescentes, los niños, acostados, sueñan con los angelitos, la perrita holgazanea agotada de su paseo vespertino, tu madre termina la labor de bolillo en su sillón orejero y dos copas de vino alegran nuestros corazones. Todo está en calma. Somos felices.
—De eso nada, Juan, llevamos de novios diez años. Ya no espero más. Quiero que vivamos juntos y te dejes de chorradas.
13/12/2023
Mi madre era muy católica y, tras devorar el Antiguo Testamento, descubrió que Sara, la mujer de Abraham, tenía 90 años cuando concibió. Aquella revelación bíblica la obsesionó. Decidida a seguir las Escrituras al pie de la letra, se quedó embarazada rozando los 100 años. Para lograrlo, recurrió a donantes de útero, óvulos y esperma. Cuando me parió, ya era anciana. El parto natural fue inviable. Me tuvieron que sacar por cesárea porque, con mis achaques y artrosis, no podía empujar . Así que, entre unas cosas y otras, nací con 75 años. Venía equipada de serie con mala audición, presbicia, dientes postizos y memoria frágil. El pediatra —o, mejor dicho, el geriatra— me tranquilizó argumentando que una edad tan avanzada traía esos ...

Título acertado. Creas esa imagen inicial del mundo ideal para acertar en el desenlace.
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