Ir al contenido principal

242. DE CUANDO ME DISFRACÉ DE OTRA

Soy una muchacha de barrio, pero no choni ni poligonera, ¿eh?, que yo me he sacado el graduado y trabajo de dependienta en una panadería. Hablando de mi curro os quería decir una cosita. Bueno, mejor, os la cuento.

            Creo que estoy colada por un pavo que viene todas los días a comprar un bollo de pan rústico, integral, de avena y con semillas de chía, sésamo, amapola, girasol y yo que sé cuántas hierbas más, que me hago un lío.

Flipo cuando veo que deja su bicicleta en la puerta. Claro que él no es como yo, así normal. No. Él lleva coleta, mochila, cuello achinao, o como se diga, y un libro en inglés debajo del brazo, que no sé ni cómo no se le cae. Bueno, a lo que iba. Quiero ligarme a ese tío, y para llamar su atención tengo que parecerme a él, así que me he apuntado a un curso on line que se llama: ”Cómo ser aceptado en el grupo de intelectuales, sin serlo”.

Todos los jueves, de cinco a seis, me conecto y el profe nos va explicando lo que debemos hacer/saber para que se nos considere miembro del selecto grupo. Cuando estemos preparados, nos someteremos a un test, y si lo superamos nos darán un diploma y… objetivo conseguido: ya pasamos por  intelectuales.

Estuve seis meses que no me daba la vida, entre el trabajo y el aprenderme, de memoria, materias de lo más variadas: historia, viajes, ocio y diferentes temas de conversación. Así y todo, llegó el momento cumbre. Tenía el examen ante mí. Solo debía responder lo ya aprendido.

Armándome de valor empecé con la primera pregunta: “¿Se ha leído el Quijote entero?” Me bloqueé, fui sincera y respondí que no. Automáticamente, el mensaje que salió en pantalla fue: “Vuelva a la siguiente convocatoria”.

Volví, claro que volví. Yo me quería ligar al tipo del pan moreno. Cuando me repitió la pregunta del Quijote, respondí con un rotundo “sí”, con lo cual pasé a la siguiente pregunta: “¿Se rió en algún capítulo?” Yo solo me había leído dos capítulos, pero respondí: “Claro que sí… no veas la risa”. Y lo conseguí, pasé al tema de Historia del Arte: “De todos los estilos arquitectónicos, ¿cuál es su preferido?”. La respuesta me la sabía de memoria -debo reconocer que me la había chivado el ciberprofesor- y de forma fresca y clara, tecleé: “Sin duda, el románico. Para sacar buena nota, amplié un poco y dije: “Qué flipe si algún día pudiera hacer la ruta de los cincuenta y ocho monumentos…”. Y seguí el test. La última pregunta era súper fácil: ¿Cuál ha sido su último viaje al extranjero?”. Vietnam, en plan mochilero, contesté sin pensarlo mucho. Ni que decir tiene que conseguí el diploma.  En el fondo es que estoy preparada…Jiji.

Al día siguiente, cuando llegó el de la bici me atreví, y al acercarle el pan le dije, todo seguido por si se me olvidaba algún detalle: “Oye, mira, si quieres esta tarde nos podemos ver y nos damos un rulo por el  FIT, o vamos a una nueva tetería que han abierto, o a una presentación de libro, o a una película VOSE o a un concierto de jazz, o…”.

No me dejó ni terminar y va el tío y me dice que esta tarde va con su pareja a Alcances, pero que tiene una relación abierta y que mañana podíamos quedar…

¿Qué hago? Esto no estaba en ningún tema del curso.

 


11/10/2023

Comentarios

  1. Q wenoooo. Anda y que le den al gashon😄

    ResponderEliminar
  2. Magnífico. No hay que desesperar. Como lo del Quijote, a prepararse la respuesta.

    ResponderEliminar
  3. Que bueno Yayo!! Genial😄😂😂😂

    ResponderEliminar
  4. Un bonito Micro relato y un bonito homenaje al pavo de coleta, bicicleta y libro de inglés bajo el brazo, que tú y yo sabemos quien es.Sin lugar a dudas un escritor/a se desnuda delante de sus lectores; solo hay que descifrar los códigos que nos permite conocer las profundidades abisales o siderales de quien escribe. Cómo tú dices , juntas palabras cuando escribes, pero en ese rejjuntamiento de morfemas y signos gráficos y de puntuación , uno se expresa como es y cómo se está, cómo le gustaría ser y cómo le gustaría estar . Enhorabuena , por sentirte feliz por escribir y gracias por hacernos felices a los que somos felices leyendo.

    ResponderEliminar
  5. En tu última presentacion , mencionando a Einstein, dijiste que todos somos ignorantes , solo que no todos ignoramos las mismas cosas. Eso es un buen dardo para todos aquellos intelectuales profesionales con ínfulas de saberlo todo y se consideran por encima del bien y del mal. Cualquier chica de panadería tiene derecho a tener su diploma de intelectual; por lo pronto conoce semillas para el pan, que estoy seguro que más de un premio Nobel de literatura, mimado por la industria y el marketing de las grandes empresas editoriales, no conoce.La chica sabe lo que el pan lleva y el premio Nobel ni se lo plantea como curiosidad.

    ResponderEliminar
  6. Todos somos necesarios y complementarios, cuanto antes lleguemos a esta afirmación, más felices seremos.

    ResponderEliminar
  7. Fresco y simpático, con un buen toque de humor e ingenio

    ResponderEliminar
  8. Ingenioso, fresco y actual.

    ResponderEliminar
  9. Despierta interés, te mantiene atento con una media sonrisa. Un final muy sugerente.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

La culpa la tuvo Sara (ganador en el III Concurso de Microrrelatos AVV Muñoz Arenillas (Cádiz)

                                                                  Mi madre era muy católica y, tras devorar el Antiguo Testamento, descubrió que Sara, la mujer de Abraham, tenía 90 años cuando concibió. Aquella revelación bíblica la obsesionó. Decidida a seguir las Escrituras al pie de la letra, se quedó embarazada rozando los 100 años. Para lograrlo, recurrió a donantes de útero, óvulos y esperma. Cuando me parió, ya era anciana. El parto natural fue inviable. Me tuvieron que sacar por cesárea porque, con mis achaques y artrosis, no podía empujar . Así que, entre unas cosas y otras, nací con 75 años. Venía equipada de serie con mala audición, presbicia, dientes postizos y memoria frágil. El pediatra —o, mejor dicho, el geriatra— me tranquilizó argumentando que una edad tan avanzada traía esos ...

Imaginar emociona (Primer premio (Literatura) en I Certamen Artístico Cultural cREA)

  En un estudio científico y estadístico —realizado, eso sí, a puro cálculo visual—, entre los asistentes a un concierto, llegué a un postulado inapelable: solo un 5% de la población goza del privilegio de destacar en altura, rasgos o peso. Pues bien, puedo asegurar, sin margen de error, que él no pertenecía a esa exclusiva minoría. No. Él era feo, pero no un feo común, sino un feo con historia, con kilómetros recorridos. Avejentado para su edad y visiblemente estropeado por los excesos y la mala vida. Debo admitir, con cierto bochorno, que no era solo feo, sino también desagradable. Olía a tabaco, a cerveza y a varios días sin ducha. Una pena, de verdad. Entonces, ¿qué me motivó a propiciar ese encuentro fortuito? En el fondo, creo que para conocer la verdadera razón habría que hacer otro estudio, aunque esta vez no tan científico, sino uno que indagara en la gran incógnita de la humanidad: ¿por qué hacemos cosas que claramente nos perjudican? En mi caso, quizás fue la pereza,...

De cómo mi calentamiento se hizo viral (1º finalista-Concurso microrrelatos "La Naturaleza nos habla")

 Hola, soy @GlobalBio, EcoTiktoker azul. Antes me llamaba Naturaleza pero nadie me hacía caso. Mandaba incendios, DANAs, olas de calor… y nada: solo peleas entre partidos, colas para comprar aire acondicionado y   fotos  achicharrándose en los atardeceres. Así que pensé: nueva era, nuevo algoritmo. Si no te adaptas, te extingues. Ahora soy influencer de manual. Vivo en Andorra: poca contaminación, más calma y menos impuestos, como debe ser. Mi vida es dura. Lo confieso: no me encuentro bien. Siento cada vez más calor. Estoy agotada. Aun así, hoy hice mi directo con unas décimas de fiebre. Dicen los expertos que es una ecogripe. Pero, enferma o no, se hacía necesario lanzar mi mensaje: paremos este circo . Cuando estaba en mitad del live , me desmayé. Caí redonda. Y fue justo en ese momento cuando se dispararon los corazones rojos... Estaba gustando. No sé si fue por mi destemplanza, mi cambio de estrategia o por puro morbo, pero funcionó: esta vez me escuc...

Verdades a medias

—Juan, siéntate un momento. Tengo algo que contarte. Estoy embarazada. Creí que aquella noticia nos haría reír como cuando éramos jóvenes. Pero no. Mi marido se quedó inmóvil. — Comprendo tu asombro, pero no es ningún milagro, tengo cincuenta años. Esto es pura biología. ¿Recuerdas nuestro aniversario? Pensé que el mareo era por la cena. Aquella noche me hice la prueba… y dio positivo. Juan no dijo nada. Se levantó con una calma extraña y abrió su libreta de cuentas. —Mira —dijo, pasando páginas—. Aquí está todo lo que nos costó Daniel: guardería, colegio, universidad, el coche, el bodorrio… hasta el psicólogo cuando dejó la carrera. Levantó los ojos hacia mí. —He dedicado toda mi vida a ser padre. Cerró la libreta. —Me debes medio millón de euros, porque yo no puedo tener hijos. Soy estéril. Entonces comprendí que había llegado el momento de contarle la otra mitad de la verdad.         02/07/2026

Y EL SÉPTIMO DÍA DESCANSÓ (Texto publicado en el núm 56 de la revista SPECULUM (Club de Letras de la UCA)

 Él es el más alto. Él es el más tranquilo. Él es el más confuso. Él es el más sibarita. Él es el más amortiguado. Ella, ella es la más espiritual. Estos son mis seis novios, con arroba incluida. Cada día de la semana le toca a uno. En una hoja Access voy anotando: nombre, aficiones, conversaciones frecuentes y apetencias sexuales. Que no quiero herir sensibilidades.             El más alto se llama Jesús, es de Sevilla, como el Jesús del Gran Poder y para más INRI, nunca mejor dicho, siempre tiene cara de pena, pero besa bien, por eso le he asignado el lunes, para ir entrando poco a poco.             El martes tengo a Lorenzo, el más tranquilo. Siempre llega tarde. Le tengo que recordar que no tenemos todo el día; que contra pereza, diligencia. Le tengo que recordar que empiece por arriba pero que se pare, sin prisas y con esmero, donde él sabe. El más confuso, si...

Tacones más sensatos que lejanos

                    Yo quería ser chica Almodóvar, como Penélope Cruz en Volver , ocultando el cadáver del marido en un arcón congelador. Pero, para mi infortunio, ese universo ochentero y glamuroso se escapó mientras trabajaba como maestra en una escuela de un pueblo perdido en la sierra de las Villuercas. Hoy, uso tacones más sensatos que lejanos. Ya soy mayor, abuela, y tengo pocas ganas de ese mundo de lucimiento y trasnocheo. El manchego, en cambio, sigue imparable: ha triunfado en Venecia y posa, flanqueado por dos bellezas de piel lechosa, altísimas y que sólo se entienden en inglés: sus nuevas chicas. Cuando pensé que había perdido el tren de la fama, de los cócteles y vestidos llamativos, caí en la cuenta de que vivo en Extremadura, y que ese tren de mi vida salió de la estación con horas de retraso y terminó averiado en mitad de una dehesa y de la noche. ¿Un desastre ferrovia...

Casi algo (Texto publicado en el número 63 de la revista SPECVLVM. Club de Letras de la UCA)

Basándome en la astrología, esa ciencia infalible donde las haya, he llegado a la conclusión de que, gracias a una confabulación cósmica entre Saturno, Júpiter y Venus, el azar quiso que coincidiéramos en espacio, tiempo y app. Nos encontramos tecleando una calurosa madrugada de agosto, con el cambio climático en modo horno turbo —a pesar de los negacionistas—, con el corazón hambriento de nuevas experiencias y con un montón de gin tonics en lo alto. Dos horas de fantasías y cochinadas digitales dieron lugar a una cita in situ, o como se diga. Nos encontramos, nos vimos y, oh, superamos esa prueba visual implacable: altura, talla, ojos e incluso zapatos. Nos gustamos. Nos gustamos tanto que, después de cinco cervezas, nos fuimos a la cama. Te llevé a mi terreno, a mi barrio, a mi casa compartida. Tuve valor, lo sé. Pero las cosas vienen así y no vale plantearse moralidades ni estrecheces. Nos acostamos y punto. Te fuiste muy temprano. Casi me liberé con tu ausencia, pero tu olo...