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143. Lluvia de ideas

 

Ring, ring… Digaaaa, ¿quién es? ¿Marisol, qué Marisol?, ¿Acuriola? Ah sí, claro. Puesss, creo que estoy bien o casi bien o mal o yo que sé. ¡Tierra trágame! Gracias por llamar, qué amable eres. “Qué horror”, pensé nada más colgar. Escribí un whatsapp a Marisa para confirmar el estropicio. Ella con su gracejo y socarronería característicos me corroboró lo acontecido… la lié.

Recuerdo vagamente que en clase de creación literaria organizamos una lluvia de ideas y, entre risas y chascarrillos, fuimos exponiendo y salpimentando nuestra propuesta de cómo acabar este curso tan especial. Recuerdo vagamente que Eugenio propuso una  lectura musicada de Memorias de Adriano y que Regla prefirió  hacer un esquema del árbol genealógico de “Cien años de soledad”. ¡Ay, qué dolor de cabeza! Paula, con ese toque de humor cercano y danzarín, pide prestado un ibuprofeno del hospital  y ven en mi ayuda. De verdad que me muero… ¿Será efecto de la vacuna que me inocularon hace un mes? Si, algún día, logro recuperarme de este martirio craneal, migraña,  cefalea o como se llame, seguro que me apunto, con Luisa a filosofar, entre caña y caña, por la Plaza Mayor de Madrid, ella sabrá dónde llevarme.

Recuerdo vagamente que Carolina mostró su ilusión por realizar un viaje a Vejer, para que disfrutáramos de sus cuestas, de sus leyendas y de la preciosidad de su entorno. Parecía interesante, pero Nina tomó la palabra y propuso escribir un micro compartido en el que tocábamos a diez palabras por cabeza. Esto está cada día más difícil, pensé al oír la atrevida propuesta. Yolanda, nuestra profe, tan diligente y atenta, apuntaba en la pizarra cada una de las ideas, insistiendo en lo interesante y sugerente que todas, por igual, podrían llegar a resultar.

Recuerdo vagamente que Vicente empezó a exponer que el broche de oro podría ser una actividad relacionada con la poesía de Miguel Hernández o con Quiñones, o… no sé, no me quedó muy claro. Pedro iba anotando todas nuestras ideas para editar y componer un relato recopilatorio del curso y Patri, con cara de aceptación y flexibilidad, nos miraba sonriente y decía que todas las proposiciones les parecía interesantes.

Recuerdo vagamente que cuando me tocó el turno, y como tenía reciente el visionado de la película “Otra ronda”, propuse salir de cervezas, baile y desenfreno. Creo que, humildemente, fue la propuesta más votada.

Recuerdo vagamente las tapas, los vinos, las confidencias, los cubatas y que la policía local, que curiosamente ese día y a esa hora sí trabajaba, nos dio el alto, previa denuncia, a las cinco de la mañana en la playa de La Caleta. Recuerdo vagamente que alguien me trajo a casa. Recuerdo vagamente entrar acompañada a mi dormitorio y el ostión que me metí cuando quise hacer pipí y no calculé la distancia a la que se encontraba el váter. Caí de bruces en la cama con alteración del estado cognitivo y laguna mental inmensa. Mi cuerpo fue engullido por un agujero negro, hasta que ha sonado el teléfono

Para que luego digan que esto de aprender a escribir relatos es una afición creativa, sosegada e inocente.

 


14/06/2021

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