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14. La foto



Me llamo Auggie Wren Romero. Vivo en la c/ San Félix del Barrio de la Viña. Como ni mi abuela ni mi madre sabían pronunciar mi nombre, desde pequeño me llaman Eugenio.
Según cuentan las crónicas, mi padre era americano y trabajaba en la Base de Rota. Un domingo se acercó por Cádiz para degustar su magnífica gastronomía y, doy fe de que aprovechó el día, porque aquí estoy yo. Mi progenitor tuvo la deferencia de esperar los nueve meses de embarazo de mi madre antes de volver a su país de origen. Se quedó con nosotros el tiempo justo de encasquetarme este nombre y apellido impronunciables, que me ha valido para ser el hazmerreír de todos los compañeros del colegio cuando, con mi acento caletero, suspendía el inglés.
Siempre he trabajado de fotógrafo de bbc, pero nada que ver con la BBC británica, en mi caso se trata de bodas, bautizos y comuniones. Mi negocio fue bien hasta el boom de la cámara digital y  los smartphones.  Así que, aprovechando la crisis del sector, cogí mis ahorros y cierta información obtenida en la Base y me marché a Nueva York a buscar a mi padre.
Cuando llegué a las señas que tenía anotadas: Calle 3 esquina Octava Avenida, de Brookling, me llamó la atención los tipos tan raros que allí se encontraban. Un señor llorando desconsoladamente, un chico que estaba como perdido, un manco y otro más al que no le veía la cara. Inmediatamente les hice una foto, para observarla con tranquilidad en el hotel.
Cuál fue mi sorpresa cuando estudié con precisión la foto y descubrí que ese cuarto personaje tenía la misma nariz que yo, nos parecíamos mucho a Adrien Brody, pero en versión fea y sin piano. Ese guiri era mi padre.
Volví al día siguiente a la misma esquina, porque necesitaba urgentemente respuestas y saber los motivos exactos y precisos por los que me abandonó. Allí, como siempre, estaba ese grupo tan variopinto de amigos. Miré fijamente a mi padre y en su mirada vislumbré como se derrumbó. No hacía falta presentaciones, nuestra compartida napia nos delataba; yo era su clon, yo era su hijo nacido en España.
Nos quedaba iniciar esa conversación pendiente. Con mi reducido vocabulario, sólo fui capaz de preguntarle:  —Father, why?
Él, con lágrimas en los ojos, me abrió su corazón y compartió conmigo su gran secreto. Con todo lujo de detalles, supongo, que me contó su vida y que justificó su conducta; pero entre nosotros surgió un insalvable problema añadido y es que yo no hablaba su idioma, con lo cual no me enteré absolutamente de nada.
Al regresar a Cádiz, lo primero que hice fue matricularme en un curso intensivo de inglés.
09/01/19

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