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41. Brillo chispeante



Collares, pendientes, plumas, vestidos ceñidos de flores, de encajes y de colores fosforescentes y llamativos, tacones de brillo chispeante y medias de rejilla, pelo verde, rojo con un toque azul y violeta. Ese batiburrillo es lo que me representa. Cuando estoy solo me lo pongo todo junto, sin orden ni conexión; me pinto ojos, pestañas, cejas, labios y coloretes.

Finalizada la caracterización, bailo, dramatizo y canturreo cual cabaretera en decadencia. Sé que gesticulo demasiado y sobreactúo, pero así soy feliz. Sé que debería ir al judo o al odioso futbito, pero lo mío es el espectáculo. Sé que, ingratamente, me llamo Germán.

Esto de tener doble vida es cansino, por la mañana en el colegio me hacen bullying,  me llaman marica y se ríen; me vuelven a llamar marica y otra vez a reír y así hasta que suena el timbre con el cual anuncia que ha terminado la jornada lectiva.

Cuando llego a casa, mi madre me riñe porque, según ella, hablo demasiado amanerado y me hace repetir las historietas y chascarrillos, porque dice que mi modulación es melódica, mis consonantes escrupulosas y mis vocales interminables.

Menos mal que a las seis se va a pilates y me deja un rato solo, cree ella que preparando clases. En cuanto escucho la puerta cerrarse, ya me empiezo a acicalar con mis abalorios para el show diario ante el espejo, esa es mi “hora feliz”, íntima y fantasiosa.

Mañana le voy a decir que estoy enfermo y así no iré al colegio. Con suerte tiene algo que hacer y puedo estar toda la mañana en mi mundo, con mis atuendos y cuplés.

—German, German, levántate hijo mío que tienes que ir a la escuela.

—Déjame dormir, mamá—le respondo con el acento más enfermizo que puedo—, tengo dos grandes motivos para no ir: uno es que los niños se ríen de mí y dos es que tengo mucha tos…  cof cof cof, aaaaaaaaachiiiissssssssss.

Vale, vale. Pues te seré breve. Llevo cuarenta años teniendo paciencia, pero creo que mi papel de madre protectora terminó el día que aprobaste las oposiciones de secundaria. Por mi parte, te respeto y acepto desde que naciste. Es hora de que resuelvas tus conflictos. Por cierto, hoy,  entre copla y copla, pásate por una inmobiliaria y te alquilas un piso, que estoy harta de tener mi casa como el Folies Bergère.



Yayo Gómez

  20/10/2019

Comentarios

  1. Me ha sorprendido el final. Texto ágil, bien escrito. Transmite

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