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224. LA MÁS GRANDE

Estaba tan divinamente enseñando una patá por bulerías a un grupo de escocesas, cuando San Pedro me llamó a su despacho y dijo que quería conocerme mejor. Yo, con el desparpajo que me caracteriza, le fui contando, que lo mismo cantaba buen flamenco, copla o lo que se terciara. Que mi voz fue reconocida a nivel internacional, que he vendido millones de discos, que me he sentido querida, respetada y que me apodaron “la más grande”.        La confesé a San Pedro que había sido un personaje famoso y público, pero respetado por los medios de comunicación. Que, en el tema amores, tuve dos maridos. Uno estaba un poco sonado, y del otro, solo le referí que ha pasado a la historia por su “estamos tan agustito” y por su más reciente alocución: “mi semen es de fuerza”.        Que al saber que iba a morir joven, mi intención fue dejar todo atado y bien atado como Franco en la Transición, cuando le pasó el testigo a un joven Juan Carl...

HISTORIA DE MIEDOS QUE NO DA MIEDO (Publicado en el blog del Club de Letras de la UCA)

Su nombre es Maripuri, pero se tenía que haber llamado Maritonti, porque tiene un punto, ¿cómo decirlo para que no resulte ofensivo?, tiene un punto iluso, que me pone de los nervios. Vive con su madre, doña Engracia, con Andrés, su marido y con su hija Piluca. Familia ultra donde las haya, todos, sin excepción han sido educados en el temor al pecado. Resultan en conjunto una escenificación del miedo: miedo a hablar, miedo a sentir, miedo a vivir, miedo al infierno y, sobre todo, miedo al miedo. La infancia de esta bella mujer, estuvo acompañada de oraciones antes de dormir, al estilo de: “Bendita sea mi pureza, eternamente lo sea” o comentarios como: “no te mires al espejo que ahí está el demonio”. Educación adoctrinada, oscuridad, confesiones y arrepentimientos. Maripuri tiene prohibido emplear métodos anticonceptivos, tiene prohibido sentir placer, pero tiene la obligación y el deber de complacer a su pareja. Ella lo asume con sumisión negándose, por temor al pecado, a soñar o a f...

218. ¿MALÉFICAS INTENCIONES?

He hecho trampa con las pastillas. Lo reconozco. Me inventé ese jueguecito de una para ti y otra para mí y así hasta que se acabaran los blísteres. Cogimos las cajas al azar, a ti te tocó Orfidal, a mí Paracetamol. No le dimos importancia. Cuando te quedaste dormido, te dije sonriendo: “perdiste, perdiste”. Nunca pensé que sería la última vez que jugábamos.  

217. DESPEJEN LA SALA

—Ha quedado probado que en el día de los hechos, doña Teresa García Ortiz y doña María de la Gracia Cruz, se encontraron con don Jesús Telmo Díaz en un piso, sito en la calle Concepción Arenal nº 15,   y que sobre las ocho de la mañana fue hallado el cadáver del susodicho. Como los motivos del caso están aún por descubrir, cito a declarar a la acusada, doña Teresa García. —Buenos días, señor juez. Quizás tenga mi parte de culpa en este trágico suceso. El motivo de lo ocurrido, según mi versión, estriba en que una cosa es trabajar con el cerebro y otra bien distinta con las pasiones. Conozco a María   desde que estudiábamos Matemáticas en la Universidad, hace ya casi treinta años. Todo empezó con el hecho de que, cada cierto tiempo, nos juntamos para celebrar nuestra amistad y salir de cena. Charlamos, reímos y bebemos. Sobre las doce de la noche llegamos a la conclusión de que queríamos tener un encuentro sexual y como a los posibles ligues les aterroriza las mentes matemá...