Estaba tan divinamente enseñando una patá por bulerías a un grupo de escocesas, cuando San Pedro me llamó a su despacho y dijo que quería conocerme mejor. Yo, con el desparpajo que me caracteriza, le fui contando, que lo mismo cantaba buen flamenco, copla o lo que se terciara. Que mi voz fue reconocida a nivel internacional, que he vendido millones de discos, que me he sentido querida, respetada y que me apodaron “la más grande”. La confesé a San Pedro que había sido un personaje famoso y público, pero respetado por los medios de comunicación. Que, en el tema amores, tuve dos maridos. Uno estaba un poco sonado, y del otro, solo le referí que ha pasado a la historia por su “estamos tan agustito” y por su más reciente alocución: “mi semen es de fuerza”. Que al saber que iba a morir joven, mi intención fue dejar todo atado y bien atado como Franco en la Transición, cuando le pasó el testigo a un joven Juan Carl...