“Hace casi dieciocho años, un luminoso día de primavera en que los árboles del parque exhibían, orgullosos sus verdes variados, hasta que el sol los rozaba en una caricia de plata, salí a la terraza para despabilarme…” Con este insufrible primer párrafo no creo que mi libro llegue a pasar ni el primer filtro de la editorial y, como las musas no hacen acto de presencia voy a tomarme, yo también, un respiro. Con la mente atiborrada de letras, metáforas y sinónimos, me dio por mirar las paredes del estudio. Lo de los verdes variados del parque se quedaba corto comparado con el color indefinido que lucía mi rinconcito de trabajo; con el paso del tiempo, más de dieciocho años como en mi entradilla, se había convertido en una amalgama de colores amarronados y demodé . Así que, guardando cuidadosamente todos mis apuntes me planteé seriamente pintar la casa pero dándole un toque personal y único. Y es que en esta vida, excep...