Darse una vuelta con él era lo que todos envidiaban. Pues dicho y hecho. Aproveché la oportunidad. Como todos estábamos encerrados por la cuarentena del COVID, hice un grupo de Whatsapp con todos los vecinos interesados. Elabore´un cuadrante con hora, recorrido y precio. Todos contentos podían salir y pasear, el único que protestaba era Neón, mi perro, que me demandó al sindicato canino por explotación laboral.
Mi madre era muy católica y, tras devorar el Antiguo Testamento, descubrió que Sara, la mujer de Abraham, tenía 90 años cuando concibió. Aquella revelación bíblica la obsesionó. Decidida a seguir las Escrituras al pie de la letra, se quedó embarazada rozando los 100 años. Para lograrlo, recurrió a donantes de útero, óvulos y esperma. Cuando me parió, ya era anciana. El parto natural fue inviable. Me tuvieron que sacar por cesárea porque, con mis achaques y artrosis, no podía empujar . Así que, entre unas cosas y otras, nací con 75 años. Venía equipada de serie con mala audición, presbicia, dientes postizos y memoria frágil. El pediatra —o, mejor dicho, el geriatra— me tranquilizó argumentando que una edad tan avanzada traía esos ...

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