Ir al contenido principal

Entradas

En busca de un autor y de unas bragas

Hay novelas livianas, de personajes que se limitan a recrear su cotidiana rutina, y novelones de peso, con verdaderas sagas familiares que afrontan incontables desafíos para sobrevivir a sus desgracias. Hay braguitas, tangas y culottes que están de moda y te hacen sentir más erótica y sensual, y bragas de mayor, con refuerzo y felpa, que te protegen de roces y picores. Podría resultar interesante comparar la necesidad de leer un libro que te apasione con el hecho de ponerte unas bragas que proporcionen comodidad y bienestar. El libro entra en contacto directo con tu imaginación y con tu sentido de la belleza, mientras que la referida prenda   toca otros puntos no menos importantes y placenteros de la vida. Tienen algo en común: sin los dos podemos vivir, y algo que los diferencia: según las estadísticas, se venden muchas más bragas que libros. Por urgente necesidad sanitaria corporal, me dispuse a buscar las prendas íntimas que se adecuaran a mis exigencias. Pedía poco o muc...

Espejismo en el Nilo

  El último día de vacaciones quiero que sea el más tranquilo, un respiro después de todo lo vivido. Han quedado atrás las largas excursiones al desierto, el madrugón diario para contemplar los templos al amanecer, los grupos de turistas atiborrados de cámaras y fascinados por las pirámides, los vendedores de especias que no sabían cuándo rendirse, el caos de motocarros, calesas y el bullicio constante de personas deambulando por las calles, los tés con menta servidos a cualquier hora, el sol abrasador, las ancestrales filas separadas por género en terminales internacionales, los museos repletos de tesoros de valor incalculable y el heroico guía que, con paciencia infinita, nos sumergía en la historia como si fuera su propia vida; entre ruinas y explicaciones interminables, luchaba contra el calor y la fatiga para mantenernos cautivos de su relato. Este sorprendente país es una maravilla, pero mi cuerpo ya no puede con más. Como broche final y para ponerle paz a tanto aje...

Entre albaranes y fantasías

  Nunca me gustaron los insectos. No es miedo, es repulsión, es asco, es fobia. Quizás no llegue a trastorno psicológico, pero se acerca bastante. Así pues, si me das a elegir, como cantaba Rosalía en la entrega de los Goya 2019, versionando a los Chunguitos: “Me quedo contigo”. Me quedo contigo, Kafka. Aprovecho la oportunidad literaria que me brindas, y en mi metamorfosis particular “elijo ser funcionario”. Después de cuarenta años siendo autónomo, sé lo que me digo. Quiero ser funcionario de la cabeza a los pies, con oposiciones aprobadas e interminables desayunos de café con leche y tostadas de pueblo. Para mí, sufrido trabajador por cuenta propia, sería como una golosina celestial, despertar a las siete de la mañana, notar la nariz taponada y el pecho algo cargado, coger el teléfono y, sin un ápice de remordimiento, simplemente decir: “Hoy no me encuentro bien, dile a Antonio que no voy”. Y colgar. Así, como quien pone fin a un episodio de Netflix, porque ya mañana conti...