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FANTASÍA ( Finalista en el IV Concurso relato libre ENES -Encuentro de Escritores en Sevilla-) (Texto publicado en el núm 49 de la revista Speculum. Club de Letras de la UCA)

Yo compro en mi barrio porque el pequeño comercio da trabajo a mis vecinos y prosperidad a la ciudad. Me siento satisfecha de poner mi granito de arena para la supervivencia de esas pequeñas tiendas. Bueno, perdón, lo confieso: de vez en cuando no me resisto a la comodidad de encontrar mejores precios, al amplio abanico horario y a tener acceso a mayores ofertas. No me resisto a… comprar por internet. Es verdad, soy contradictoria, débil, insolidaria, carente de racionalidad y una consumidora desastrosa. Pero tampoco me quiero flagelar. Con esta inconfesable edad mía, estoy en una etapa existencial en la que me siento especialmente sola y vulnerable. Ya ni el chocolate me aplaca. Hace siglos que no tengo relaciones. O décadas. O al menos, años. Yo que sé, lo cierto es que   estas carencias sexuales las intento paliar con compras compulsivas y sin sentido. ¡Riiing! —¿Ana Ortiz Mesa? Un paquete, ¿me abre? Cuando abrí la puerta, me encontré a un muchacho moreno de unos veint...

201. EL SALTO DEL TRIGRE

Por si la volvíamos a ver volar le compramos otro armario, pero esta vez de menor altura. Le gustaban las prácticas sexuales arriesgadas. El salto de tigre se le hizo corto y ahí se nos quedó, como un vegetal. Después, en vista del deterioro físico, se apañó de un artilugio al estilo del físico Stephen Hawking, y con ese sintetizador vocal realizaba telemáticas conversaciones, de los más picantes, con sus contertulios a distancia. Consiguió mantener   variopintas relaciones, hasta el final de sus días. La abuela era incorregible.   22/10/2022

200. ODIO A MI HIJO

Así comenzaba un monólogo, por cierto, magníficamente interpretado por una maestra, metida a cómica por pura afición. Mi primera reacción fue de sorpresa. A medida que transcurría su afanoso soliloquio, la protagonista, ya entrada en años, exponía, en primera persona, los motivos que le conducían a esta afirmación tan redonda, rotunda y cruel. Poco a poco te iba convenciendo de que para ser madre hay que echarle una cierta dosis de masoquismo. Decía esta alegre docente que, cuando empiezas en esta batalla, le comentas a tu pareja, cónyuge o similar: “Qué ilusión me haría tener algo nuestro, pero... nuestro, nuestro, que nos una para toda la vida”. Y ni corta ni perezosa empiezas con la parte más placentera de toda esta historia, por lo visto interminable: la parte sexual. A los dos meses de los agradables encuentros amorosos, ya estaba ahí, en mi vientre. Nuestro primer contacto fue visual, a través de un monitor y con un doctor, a medio metro, divisando mis labios mayores y menore...