Me llamo Antonia García Flores. Antonia por mi abuela y el resto por mis padres. Lo sé, es horrible, a mí tampoco me gusta y nunca lo he identificado conmigo. Por eso mi representante no lo dudó: ¿quieres ser actriz?, pues vamos a buscarte un nombre con gancho. Me gustaba Nuria Espert o Lola Herrera, pero ya estaban pillados, así es que me tuve que conformar con Ai-da Ga-lán, pero con la recomendación precisa de que había que pronunciarlo silabeando pausadamente, para que sonara más personal. Los asesores de imagen insisten en que hay que pronunciar todo como si estuvieras diciendo algo interesante y profundo. Dicen que el mundo del artisteo es así de artificial. Porque no sé si lo he dicho, yo, Antonia, perdón Aida, soy una actriz famosa y cotizada de teatro, aunque tampoco renuncio a contadas campañas publicitarias de productos con cierto prestigio en el mercado. Me he preparado a conciencia para ser actriz. Aprendí a actuar y me estrené entre las bambalinas de la Escuela...