¡Cuánto te añoro! Piensa, mientras dos lágrimas de impotencia se deslizan por sus mejillas. Este era el párrafo inicial del libro que nos habían asignado en el club de lectura. Pero yo hoy no estoy para lecturas grupales, monsergas ni florituras. Mi principal problema es que he engordado 4 kg y que dentro de 4 días cambiaré de década y cumpliré 40 años. Si acaso añoro algo, es la juventud que se me ha ido. Estoy en plena crisis. Ya soy de mediana edad, y quizás por eso, pertenezco a este club de lectura, con libros que empiezan con dos lágrimas de impotencia desparramándose por las delicadas mejillas. Yo no soy delicada y mis mejillas son abultadas y gorditas. Mis mejillas son cachetes. Un desastre. Tengo mi currículum medio vacío, pero el neceser, lleno de crema extrañas que a veces ya no sé ni para qué sirven: antiarrugas, manos, bolsas de los ojos o sabañones de los pies. Mi vida no puede ir a peor, ¿qué más me puede ocurrir? En plena crisis existencial, oigo un ...