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65. Habrá que seguir

¡Cuánto te añoro! Piensa, mientras dos lágrimas de impotencia se deslizan por sus mejillas. Este era el párrafo inicial del libro que nos habían asignado en el club de lectura. Pero yo hoy no estoy para lecturas grupales, monsergas ni florituras. Mi principal problema es que he engordado 4 kg y que dentro de 4 días cambiaré de década y cumpliré 40 años. Si acaso añoro algo, es la juventud que se me ha ido. Estoy en plena crisis. Ya soy de mediana edad, y quizás por eso, pertenezco a este club de lectura, con libros que empiezan con dos lágrimas de impotencia desparramándose por las delicadas mejillas. Yo no soy delicada y mis mejillas son abultadas y gorditas. Mis mejillas son cachetes. Un desastre. Tengo mi currículum medio vacío, pero el neceser, lleno de crema extrañas que a veces ya no sé ni para qué sirven: antiarrugas, manos, bolsas de los ojos o sabañones de los pies. Mi vida no puede ir a peor, ¿qué más me puede ocurrir? En plena crisis existencial, oigo un ...

68. La denuncia

—Permítanme la licencia, señoritas pero, dado que las tres acuden a esta Jefatura de Policía para realizar una denuncia por robo de bolso, me he tomado la libertad de citarlas en la misma sala, así que sean breves y relaten los hechos. Empecemos por Lucía Méndez, ¿me puede decir qué le ha ocurrido? —Buenos días, señor agente. Pues, andaba plácidamente paseando por un bulevar cercano a mi casa, cuando sentí un repentino empujón. Pensé que me había quedado enganchada a alguna rama inoportuna, pero no, se trataba de un inesperado robo porque a los pocos segundos vi correr a un muchacho con mi mochila. La verdad es que me sentí muy triste, ese joven se llevaba un trocito de mí. Porque ese bolso sabía de mis viajes, de mis secretos, de mis temores. Era de cuero, artesanal y estaba hecho con todo el cariño y esmero. Lo compré en un centro budista y siempre me ha acompañado. Hoy en este paseo, la vida me ha dado una lección, igual me ha llegado la hora de soltar objetos qu...