Después se extinguían silenciosamente con paso redoblado, y en orden casi marcial iban desperdigándose a sus respectivos barracones. Ese pelotón de soldados estaba adiestrado en la disciplina más férrea y en el sometimiento a las normas, por muy arbitrarias que estas fueran. Me sentía orgullosa de haber sido su instructora militar. Señorita, señorita, ya ha acabado el recreo. Todos los niños se están peleando y usted sigue con los ojos cerrados diciendo: “"¡En marcha! ¡Ar!" 24/10/2021