Cupido tiene miopía (Texto publicado en el número 65 de la revista SPECVLVM .Club de Letras de la UCA)
Clara siempre había tenido buen ojo para detectar mentiras a kilómetros, para comprar zapatos de tacón cómodo y para esquivar hombres con más ego que neuronas. Hasta que llegó Iván.
Él era distinto. No llegó en una cita, ni por una app, ni por casualidad en la cola del súper.
Iván apareció entre el primer pipí y el “me tomo una pastilla”, entre los pensamientos recurrentes y el “voy por 64 ovejitas”, entre el insomnio caprichoso y ese comerse el coco porque sí, miraquesoytonta.
Allí, en mitad del duermevela, se presentó sin pedir permiso: descalzo, desnudo, rebelde y sin disfraz.
Tenía la voz rasposa del recién despertado, los ojos llenos de historias no contadas y una forma de mirarme que daba vértigo.
Nos enamoramos en un pestañeo. Viví, gocé y narré nuestro amor incipiente con frases originales, bellas y nunca oídas. Salían sin esfuerzo, como si ellas me eligieran. Mi mente era una fábrica mágica de palabras. Estaba tan inspirada que ni siquiera tenía que corregir, borrar o revisar ortografía. Ni una tilde fuera de sitio. Me sentía en estado de gracia.
Mi prosa era brillante. Fluida. Genial.
Iván, amor mío, llegaste porque estaba de guardia como escritora.
¿Me levantaba y anotaba todo ese torbellino de genialidades lingüísticas? Bah, no hacía falta. Seguro que mañana lo recordaría todo. Claro que sí.
Solo quedaba hilarlo un poco, pulir alguna cosita, y voilà: novela corta recién salida del horno, lista para publicar en tres meses.
Mi ego se disparaba. Qué talento, madre mía. Soy una escritora ingeniosa, para qué negarlo.
Cuando abrí los ojos, solo alcancé a ver algo borroso alejándose en la distancia. Tal vez era una frase perfecta. O tal vez Iván. Pero con esta miopía, vete tú a saber.
Texto publicado en el número 65 de la revista SPECVLVM .Club de Letras de la UCA (05/06/2026)

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